Sobre Júzcar

Júzcar está situada en el Alto del Genal, en la Serranía de Ronda, y se extiende desde el pico de Jarastepar, a 1.425 metros sobre el nivel del mar, hasta los términos municipales de Estepona y Benahavis.

El paisaje en este gran término municipal es muy variado, yendo desde el terreno rocoso del norte de Sierra Oreganal, hasta los bosques de pinos y castaños de la cordillera de Sierra Bermeja. Hay pequeñas montañas de pinos y robles que se mezclan con las tierras de labor de las cercanías del propio pueblo, desde Las Lomas al pico de EI Cerro Jardón, de 1.156 metros de altura. Para disfrutar de una buena vista de la zona, hay que desplazarse al Riachuelo, e incluso algo más lejos, y contemplar las casas blancas moteadas sobre las laderas del Alto Genal.

Este terreno montañoso ha condicionado la disposición de la villa, cuyas casas aparecen amontonadas unas sobre otras para compensar los bruscos desniveles, una característica del lugar que sea hace patente también en las calles escarpadas y sinuosas, algunas de las cuales sólo se pueden recorrer a pie. En este sentido, Júzcar es bastante parecido a otros pueblos de montaña del área de Ronda, aunque uno de los elementos más extraordinarios de este lugar son las muchas chimeneas que sobresalen de sus irregulares tejados.

Los orígenes de la aldea no están muy claros, aunque se cree que el lugar ya fue habitado antes de la llegada de los moros. Tras la reconquista cristiana de la zona, los centros urbanos de los alrededores fueron considerablemente despoblados y los residentes que quedaron se agruparon en lo que actualmente es la aldea, construyendo una iglesia en 1505.

A raíz del número de áreas urbanas aisladas que se encontraban bajo la jurisdicción de Júzcar en el pasado, se puede deducir que la aldea fue bastante importante en su tiempo. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico/Histórico/ Estadístico de España (1845-50), recoge seis áreas diferentes que formaban parte del municipio de Júzcar. Pero como todos los otros pueblos de la zona, este lugar sufrió una gran despoblación cuando los moriscos fueron expulsados y para repoblar el área tuvieron que traer gente de fuera de la región.

La iglesia del pueblo es el edificio más interesante de la aldea. Data del siglo XVI, aunque ha sido reestructurada varias veces desde entonces, teniendo lugar la última tras la Guerra Civil. Fue construida como una nave única, con un techo plano que oculta otra estructura anterior de estilo Mudejar. De interés especial en el área circundante es la Cueva del Moro y la zona por la que fluye el río Genal.

La Real Fábrica de Hojalata San Miguel, Juzcar

La primera fábrica en España para la producción de hojalata fue construida en Júzcar, según se recoge en un libro publicado por Altos Hornos de Vizcaya, la fundición más grande del país. La razón por la que Júzcar fue escogida para este propósito, fue la gran cantidad de madera existente en la Serranía de Ronda, elemento esencial en el proceso de fundición. La fábrica comenzó su producción en 1731, bajo el reinado de Felipe V y bajo el nombre bastante peculiar de “La nunca antes vista en España Fábrica Real de Hojalata y sus Adherentes, bajo el Reinado de los Siempre Invictos Reyes Católicos Don Felipe V y Doña Isabel de Farnesio” ; esto, y según se relata en el mencionado libro, fue grabado en piedra a la entrada de la fábrica. Se encuentra situada al lado del río, en un lugar conocido actualmente como la Finca La Fábrica, y contó con un departamento secreto de investigación.

Empleó a 200 trabajadores, de los cuales, aproximadamente 30, eran técnicos bajo la dirección de dos ingenieros suizos, Pedro Menrón y Emerico Dupasquier. Estos procedían de Alemania y se encargaron de dirigir la producción, ya que el proceso de fundición era desconocido en España. La historia cuenta que estos técnicos fueron “sacados” de contrabando de Alemania introducidos en barriles, ya que su salida estaba prohibida por ley al objeto de proteger los intereses y los secretos de esta industria. También es sabido que se utilizaban camellos en vez de caballos o burros, ya que aquellos estaban mejor preparados para el transporte a través los terrenos montañosos, y fueron suministrados por el Gobierno de Madrid para este fin. Sin embargo, la fábrica tuvo que cerrar ante la dura competencia que posteriormente supusieron las fábricas asturianas y vascas.

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